La tontería mexicana

Los recursos minerales son muy útiles y es mejor tenerlos cerca, pero no son los que hacen rica o pobre a una nación.

Jonathan Ruiz Torre

Hay algunas narrativas que molestan, pero la vieja historia de que México tiene muchos recursos solo sirve de consuelo de tontos.

México tiene reservas de petróleo, gas, de oro, de litio y de otras cosas. Sí ¿Y qué?

Argentina también, lo mismo que Brasil o China. Tienen más o menos de una u otra cosa, pero no son más pobres o más ricos por lo que sale de la tierra. No en este siglo.

Los recursos minerales son muy útiles y es mejor tenerlos cerca, pero no son los que hacen rica o pobre a una nación. Estados Unidos es el mayor productor de petróleo, pero sus empresas más valiosas no venden una gota de ese producto. Arabia ocupa el segundo lugar mundial, pero tiene una economía más pequeña que la de México o Brasil.

La prosperidad nace de lo más valioso que tiene un país: su gente.

¿En qué convierten las materias primas los mexicanos? Eso es lo más relevante. Lo demás son piedras que tienen menos o más valor en función del tiempo, de guerras o coyunturas, pero no son fuente de prosperidad generalizada.

La mañana de este martes, la asesora de la presidenta Claudia Sheinbaum, Altagracia Gómez, tocó el punto. Brindó una plática en Veracruz y varias veces mencionó la fuente de una verdadera oportunidad de destacar: el entrenamiento de mexicanas y mexicanos.

Lo hizo durante un encuentro de directivos de empresas y funcionarios públicos interesados en invertir en el sur de México, en donde se abren oportunidades. Lo llamaron Foro de Promoción de Inversiones en el Sur-Sureste, y fue organizado por el COA, Council of the Americas.

Algunos políticos se quejan de que México vende materias primas y las regresan ya convertidas en otra cosa y más caras. Es cierto.

Pero va un ejemplo del ‘mundo al revés’ que conocí también esta semana en Veracruz. En México falta chatarra, no hay suficiente. Nos falta ese ‘valioso’ recurso, más valioso incluso que el hierro y otros minerales que salen de la tierra, porque ya fue extraída y procesada.

La empresa Tenaris, dirigida en el país por Sergio de la Maza, transforma lo que quedó de automóviles o refrigeradores en partes sofisticadas para nuevos coches, algunas tan especializadas como el tubito que guarda bajo presión las bolsas de aire durante años.

También fabrica grandes tubos flexibles para producir petróleo o ductos para transportarlo, y claro, los tremendos ‘popotes’ de acero que sostienen el Museo Soumaya, construido por Carlos Slim. Todo eso requiere tecnología.

Pequeños negocios de Estados Unidos venden chatarra a México, en lugar de transformarla y sacarle provecho allá.

Tenaris, instalada en Veracruz, dueña de decenas de patentes, la transforma y la vende en México, en Europa, Latinoamérica o en… Estados Unidos. Regresa al norte la materia prima ya convertida, después de dar valor agregado.

Con eso da empleo a más de 5 mil personas que tienen recursos suficientes para llegar en su propio carro al trabajo. Tenaris ya vale casi tres veces más que en 2021, de acuerdo con información de Bloomberg.

Para generar esa prosperidad no necesitó materia prima ‘mexicana’. Requiere técnicos capaces, de ingenieras e ingenieros mexicanos lo suficientemente hábiles para desarrollar productos con poca competencia en el mercado, por su nivel de especialización.

Necesita gente capacitada para hacer todo de manera precisa y sin fallas; llegar a tiempo a sus clientes mediante una logística contra reloj y otros elementos que no tienen que ver con los recursos ‘naturales’.

Es el tipo de oportunidades que se abren en el sur de México a partir de la llegada de ductos de TC Energía que abrieron la disponibilidad de gas, de la entrada en funcionamiento del Corredor Interoceánico que va de Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz o la ampliación de Puerto Progreso, en Yucatán.

El mejor recurso, el humano, existe todavía en abundancia en esa región, a diferencia de ciudades como Monterrey, en donde su alta demanda provocó su escasez y encarecimiento. Solo falta entrenamiento. Altagracia tiene razón.

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